Cartas Abiertas

LA DEGRADACION DE LA DEMOCRACIA

 

1. Vivimos en una escena contemporánea donde suele ponerse en duda la objetividad de los hechos sociales y se nos llama a un festejo irresponsable de la “creación de realidades”, de la “construcción de la noticia” y en último extremo, de la “apología de la falsedad”, en vistas del éxito que tienen las campañas que buscan capturar aspectos pulsionales de las corrientes de creencias colectivas, muchas veces tan oscuras como volátiles. No desconocemos este vasto terreno donde se ejercen coacciones con materiales simbólicos extraídos de operaciones que redefinen el mismo sujeto de conocimiento. Sobre esto mucho se ha dicho, en términos de cómo el neoliberalismo implica en última instancia reformular la idea misma de ciudadanía, conocimiento, habitabilidad y autoimagen de los sujetos para generar sus hipótesis de adhesión, transformadas en formas involuntarias de servidumbre, las únicas que el retrógrado partido gubernamental desea y sobre las que específicamente trabajan en sus gabinetes, que fabrican nuevos consumidores para la mercancía del miedo. El nuevo ciudadano que desean, nacería expulsado de toda historia; sería una arcilla rasa en la que se imprimiría un documento con un número para el olvido y otro para la subordinación.

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El Frente como nuevo llamamiento histórico

 

1.

La discusión argentina tiene una clave esencial, recuperar la noción de trabajo como núcleo originario de derechos, de ciudadanía democrática, de soberanía efectiva, de autonomía de los sujetos públicos, de igualitarismo social, de justicia sin manipulaciones, sin medios de comunicación desvirtuados por operaciones que sesgan la realidad, con el cese de la persecución a los referentes comunitarios y la defensa de una economía liberada de su nuevo peso opresivo en favor de las  estructuras financieras internacionales.

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Dar testimonio

1. El vergonzoso caso de José López podría hacernos vacilar: era un funcionario de alto nivel, encargado de las obras públicas, conocido por todos, y sobre todo por los que en toda la extensión del país trataron con él por la gran cantidad de construcciones que se realizaron.

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Las urnas y el fuego: el trabajo de los símbolos

 

 1. Nunca como hoy la lucha por una sociedad más justa en lo concreto real, está tamizada por símbolos. La palabra urna y la palabra fuego lo son. Y son incompatibles. Quienquiera que haya quemado urnas, ha producido un efecto simbólico que paraliza una sociedad.

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Con convicciones, sin pantomimas

 En estos días de mayo una multitud regresa sobre los lugares y los símbolos de nuestra historia y de nuestro presente. Días que coronan una etapa extraordinaria en la vida del país, que ponen de manifiesto el sentido reparador del camino recorrido y que también evidencian los logros, las vicisitudes y los conflictos de una época, la nuestra, cargada de potencias transformadoras y de acechanzas. Días de mayo que reconstruyen un puente imaginario de más de doscientos años de extensión en el tiempo que nos recuerdan, como también sucedió durante los festejos del Bicentenario, el litigio que recorre, bajo la forma de la cuestión de la igualdad, una actualidad política, social, económica y cultural que no sólo nos ha permitido superar la decadencia y la desolación de los ’90 sino que le ha devuelto a esa multitud un protagonismo que parecía perdido. Días, en definitiva, en los que se vuelven a entrelazar, en el discurso con el que Cristina cerró los impactantes festejos populares, tres palabras-concepto que marcan una realidad en disputa y a las que el kirchnerismo resignificó de manera notable: democracia, pueblo e igualdad.

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