La Biblioteca Nacional: Entre la gestión vitalista y las hegemonías informáticas

Conversar con Horacio González es espiar un universo personal y social desde el lugar donde todos los puntos se entrelazan con las palabras, las ideas, las memorias y sus voces. Es una entrevista y también una conversación, que es una de las formas de construir los lenguajes y las culturas. Así es que durante una larga mañana que se extiende hasta bien pasado el mediodía, entre largas rondas de mate, Horacio González realiza un balance de su gestión en la Biblioteca Nacional donde estarán presentes los desafíos de unir los procesos de sistematización informática con la idea de una Biblioteca libertaria y vitalista en el sentido de recrear sujetos vinculados al compromiso y amor frente al trabajo. No faltan en la conversación puntos de tensión como lo fueron la relación con los gremios y la fundación de Carta Abierta. Tampoco se ausentarán las presencias de Borges y Groussac. La nueva dirección a cargo de Alberto Manguel y su concepción sobre los modos de funcionamiento de la Biblioteca vinculados a lógicas de reproducción de la división específica del trabajo, dialogan con la búsqueda de un lector globalizado sin la ironía del catálogo irrisorio que descataloga el método. Los debates anticipatorios dados en la Biblioteca sobre los modelos protomacristas, que bajo esquemas de convivencias burocrático-administrativas se instalaron durante los últimos años en la institución, es un tema ríspido. Mediapart y la decepción de la representación de alcurnia en el sistema relacional de las bibliotecas de América, se impone debido a las operaciones periodísticas destinadas a despejar el camino de la fatídica influencia de la letra K. Algo nos detiene, me detiene siempre. Las bibliotecas personales. Allí, la figura de Manguel nos lleva hasta la magnífica obra del Dante. No es menor el entusiasmo de regresar con la última novela de Horacio González, “Tomar las armas”, donde la evocación de las organizaciones políticas de las décadas del 60 y 70 se inscribe en la profunda reflexión sobre el sentido sacrificial que los proyectos de acción política inspiraron en los hombres y mujeres de esas décadas.

Por Conrado Yasenza*
(para La Tecl@ Eñe)

 

La Biblioteca y el Estado

- Para iniciar la entrevista me gustaría proponerle analizar su gestión al frente de la Biblioteca Nacional. Intentar un recorrido que nos ofrezca un panorama de la Biblioteca a su llegada, las ideas que desarrolló durante su dirección junto a la evaluación de las funciones de la institución dentro de un proceso político de democracia popular, y el balance final.

- Antes que nada, para hablar de la Biblioteca Nacional o de una Biblioteca, veamos un aspecto que para mí es importante, aunque a muchos no les parezca el más interesante, que es la cuestión administrativa. Por supuesto que hay materias de administración bibliotecológica, de economía bibliotecológica, pero la cuestión administrativa la veo desde un punto más central porque es parte de la administración estatal, y la administración estatal en la Argentina es algo a ser visto, reconsiderado, o repensado con sus empleados adentro; es decir, con los funcionarios y empleados de una administración pública pensándose a sí mismos en un ámbito muy castigado, que en distintos momentos de su historia ha sido sometida a una visión muy dura y drástica respecto a que ese es el lugar del dispendio, del empleo ocioso, de la falta de cumplimiento con las tareas. Ese es un problema muy importante en el conjunto del Estado, y se convirtió en un problema de importancia para los gobiernos de Cristina Fernández y Néstor Kirchner, porque el Estado amplió sus proporciones de una forma muy relevante, se convirtió en un Estado empleador que de algún modo intervenía en el primer trabajo juvenil de una manera muy directa. En la Biblioteca pasó eso; de ahí la discusión que tiene estado público y que es lo primero que se menciona cuando se quiere criticar a la administración anterior.

- El Ministerio de Cultura de la Nación, a través de Pablo Avelluto, hizo referencia en un comunicado, cuando se efectuaron los 240 despidos, al aumento desproporcionado de empleados durante su gestión, la cual se inició con 306 y terminó en 1048 trabajadores. ¿Cuáles fueron las razones que fundamentaron el aumento de la planta de trabajadores?

- Bueno, eso tiene varias explicaciones y es interesante tocar el tema porque algo parecido ocurrió en todo el Estado. Si realmente hubiera ocurrido que el Estado es algo inerte cuyo único fin es rescatar personas para salvarlos de un destino trágico, evidentemente no sería una específica pero sí digna tarea del Estado. Aún desde las teorías más antiguas sobre el Estado, es el Estado quien tiene que invitar a su proyecto en tanto Estado, a personas para proveer otro tipo de sensibilidad sobre lo público, que sería considerar la administración no como un cómputo de cosas sino como un lugar de recreación de las existencias, no entendidas como el balance de la trastienda del almacén sino de cómo vivir una vida más libre, una existencia más liberada dentro de los cuadros del Estado, cuadros en general regidos por muchos protocolos, horarios, reglamentaciones de horas extras, disputas internas provenientes de la falta de objetivos claros. En la Biblioteca era así, y el aumento de personal era inevitable en épocas del kirchnerismo por esa aspiración de una vida más libre o de una existencia liberada y abierta a esa recreación social colectiva, por lo que era obligación de la Biblioteca inventar nuevas tareas, intervenir en ámbitos donde no se intervenía, recrear el clima de trabajo de los bibliotecarios antiguos y modernos.

La del Bibliotecario es una profesión que ha tenido un brusco cambio en la lógica de sus tareas en los últimos treinta o cuarenta años, y el uso de los elementos informáticos dividió en dos a esos profesionales: los hubo con acceso a la tecnología junto a el viejo bibliotecario de barrio, que haciendo o no un curso de bibliotecología, era un mediador interesado entre el libro y el lector, y tenía métodos simplificados de catalogación, el gran legado de la era medieval. En realidad, la catalogación viene de los viejos sistemas de los monjes medievales, luego pasado por el cedazo de Leibnitz, son sistemas catalogatorios que asimismo vienen de Aristóteles, cómo también viene de Aristóteles el sistema informático, sólo que hay un cambio de lenguaje tan radical que eso generó una capa de bibliotecarios tecno-burocrática que se situó por encima de la gran masa de bibliotecarios que era portadora de la tradición bibliotecaria.

Bueno, eso en la Biblioteca Nacional se dio de una manera tumultuosa porque cuando en los años´80 comenzó el fervor por la digitalización y la catalogación informática, aparecieron las grandes empresas y por lo tanto un sector pequeño de bibliotecarios sustituyó la gran tradición humanística en la Argentina representada en Josefa Sabor, Bonocuore o Roberto Juarroz, por ejemplo, y la sustituyó en directa relación con las grandes empresas informáticas. En la Biblioteca Nacional tuvimos un gran debate, sordo debate y casi oculto, entre un tipo de bibliotecarios que postulaba una alianza con los tipos de software que venían de fabricaciones específicas de empresas globalizadas, y la utilización de software libres, que no dejan de ser comerciales pero tienen claves abiertas y control público. Ese debate concluyó con las gestiones de la vicedirectora de la Biblioteca Nacional, que sigue desempeñando su trabajo- un caso muy parecido al de Lino Brarañao en otra escala- que ya representaba el protoproyecto del macrismo. En esas gestiones actuó en silencio con las grandes empresas mundiales; por supuesto, se hizo una licitación absolutamente legal, cuyo anuncio salió en el New York Times, pero en realidad estaba destinada a que la ganara una empresa, empresa que actualmente sostiene el software de la Biblioteca Nacional.

- Ese software es el ALEPH

- Si, el ALEPH, que contiene la ilustre y primera letra del alfabeto hebreo, que de alguna manera tenemos todos cuando hablamos y que permite que digamos alfabeto y nos consideremos alfabetizados. Toda la revolución informática, si la podemos llamar así, ya que es una comodidad un poco tonta, no tiene un lenguaje propio sino que remite a un conjunto de lenguas a las que se convirtió en un acervo naturalizado de metáforas de todas las demás áreas. Por ejemplo navegar, pegar y cortar, archivos, elementos, herramientas, exportar, son todas metáforas de la navegación, de la carpintería, de la arquitectura, el comercio exterior, que hablan también de una arquitectónica informática, tomando a su entera responsabilidad la expresión “arquitectura”, como Foucault tomo la de “arqueología”. Lo que tiene de interesante esta revolución informática es lo que ella no cree tener de interesante, el lenguaje que hereda y que muestra que está profundamente implicada en las lenguas más antiguas. Decir el Aleph, como un sistema de software, es decir que está fuertemente implicado en los antiguos alfabetos. Mi posición frente esa informatización fue favorable, pero si ahora unimos el proceso en la biblioteca a la informatización del Estado, que era el chiche con el cual algunos funcionarios del kirchnerismo jugaron durante un tiempo de modo superficial, pasamos al e-government, al gobierno electrónico, que creo que es una utopía conservadora o de derecha sobre los gobiernos, con el pretexto de simplificarlos.

- Se refirió a la ampliación de funciones y de tareas que se crearon en la Biblioteca, que supuso además una ampliación de personal. Me gustaría que explique la necesariedad de esas tareas y la fundamentación.

- Bueno, no hay una necesariedad a priori en ninguna institución, si la institución no genera el clima intelectual, técnico y laboral que las haga necesarias. Una Biblioteca Nacional puede manejarse como una nave espacial con tres robots. Hay una tendencia ilusoria en el mundo que pertenece a una especie de utopismo de la derecha informática, que es que las bibliotecas las dirijan ingenieros en sistemas, y ese manejo puede aplicarse a una biblioteca como a los grandes puertos terminales de carga en medio de la pampa, que se dirigen por computadoras y entre cinco personas cargan toda la soja del país en barcos que también se dirigen por computadoras. Bueno, yo tuve la idea de los más viejos bibliotecarios, que escribieron la historia de las bibliotecas del mundo, que es la biblioteca humanística con los recursos técnicos necesarios y que se mueva en términos de las más antiguas tareas: la atención al público, la recepción del lector, su asesoramiento, las referencias al lector; y que al mismo tiempo que recibe al lector los genere, los invente, que tenga sus propias líneas de investigación. Hoy es muy aceptable en la Biblioteca hablar de las propias investigaciones. Alberto Manguel viene a decir que se va a investigar; bien, ¿antes no se hacía?, ¡es claro, si se hizo en estos últimos diez años abriendo líneas de investigación para personas que estaban vinculadas a lo que hoy en Argentina es el debate sobre lo que significa investigar!, si con mayor o menor carga documental, con qué archivo, qué tipo de reclamo en cuanto a la preservación de los archivos, qué tipo de publicación propia puede hacerse en el lugar donde se investiga. La Biblioteca publicaba, en el pasado, nada más que una revista, que no era ociosa aunque sí algo áulica, que, que se llamaba redundantemente La Biblioteca y era la gran herencia de la revista de Paul Groussac.

Durante los años que dirigí la Biblioteca Nacional, más de diez, juntamos todos esos aspectos; la investigación interna, la creación de investigadores y de lectores, la preocupación por los archivos. Es decir, no sólo los propios archivos de la Biblioteca Nacional, que son escasos, sino dónde están los archivos en todo el país. La Biblioteca tenía los grandes archivos del siglo XIX, los archivos de Segurola, que ahora están en el Archivo General de la Nación. Ese también es un problema del cual nos ocupamos, que implica saber cómo distribuye el Estado sus tareas. Hay una tesis dominante, que es la tesis que veo que expone Manguel hoy, pero que es una tesis de los racionalistas, del racionalizador estatal; no en vano se creó un ministerio con ese nombre, el Ministerio de Modernización, que se ocupa de regir el despido de personas y racionalizar tareas, para que cada tarea esté eficientemente en su lugar. Yo tenía la idea contraria a eso, que es que cada tarea puede perfectamente entrecruzarse con lugares que no le corresponden porque a su vez hay otros lugares que tienen otras tareas que debieran estar en otro lugar, pero lo complementan. Por ejemplo, en éste momento en el Archivo General de la Nación hay bibliotecas enteras, y en la Biblioteca Nacional en su momento había archivos enteros y muy importantes tanto como los del Archivo General de la Nación. En la década del ’50 alguien decidió que se homogeneizaran las instituciones. En cierto momento está bien que haya una oleada homogeneizadora, pero en esencia, el Estado dinámico, popular y ciudadano, no es una planificación a priori sino que vive de superposiciones y entrecruzamientos. Es el Estado en diálogo consigo mismo.

- ¿Y es mejor un Estado con Instituciones homogéneas?

- Creo que vale preguntarse si es mejor un Estado con instituciones homogéneas pero esa ilusión de una división de trabajo estricta puede conformar solo a los racionalizadores demolicionistas, es decir, una especie de maquinaria central con sus órganos y servicios parcelarios, a la manera de una imagen mecánica de un capitalismo perfeccionado donde hay un cerebro dirigente y después especializaciones; por eso me parece que es mejor si hay un entrecruzamiento de todas esas especializaciones y en un punto están todos los puntos, de algún modo un Estado tipo Aleph. Y la Biblioteca era un pequeño modelo laboral que tenía una tendencia hacia un estado “aleph”, es decir incorporando funciones de otros organismos y darlas o cederlas también a otros organismos. Por lo tanto, ante quién decía que la Biblioteca no tenía que editar, hicimos la más grande editora estatal, que editaba con coherencia, sabiendo qué público tenía y qué colecciones editaba. Eso ha sido detenido, parado o interrumpido.

- El argumento que se esgrime hoy es que esas ediciones tenían un público minúsculo.

- Tienen un público minúsculo porque ese público minúsculo es cualitativamente el gran público lector argentino. Es la historia de la literatura argentina. Entonces, esa editora que editó unos cuatrocientos volúmenes que nadie editaría, se va a convertir en materia de estudio en el futuro inmediato para los que investiguen qué tipo de gestión hicimos. No era una gran cantidad de personas los que lo hacían pero hoy se puede llegar a decir que era un trabajo innecesario y pueden correr el riesgo de que no tengan nada que hacer si se interrumpe ese trabajo.

- ¿Qué otro tipos de acciones, tareas de entrecruzamientos de funciones planteó durante su gestión?

- Los vehículos es otro ejemplo. La Biblioteca tiene que tener sus vehículos propios; cuando yo llegué no los tenía. Ahora tiene dos camionetas que hubo que comprar y organizar una sección vehículos que tampoco había, y eso suponía que se creaba porque no había una necesidad previa; nadie había pensado en eso, porque estábamos bajo la coacción de una biblioteca robótica, robotizada, que es una especie de call center donde cada uno se convierte en un lector remoto, atomizado, un consultante remoto, que es una terminología que un informático le puso a la Biblioteca para contrarrestar con el lector presencial. A diferencia de cierta corriente filosófica importante en la actualidad, soy más presencialista y al mismo tiempo me parece que es la presencia efectiva del lector en la Biblioteca, que es la que finalmente justifica la del investigador que realza la consulta remota, abstracta, universal. La consulta de ese lector o consultante que no se sabe dónde está, que asombra porque puede estar en Singapur y querer consultar la Gaceta de Buenos Aires, eso es muy interesante, pero ese asombro está fundado en una presencia, de lo contrario, una biblioteca sería apenas una prolongación de la empresas informáticas, que es a lo que apuntan.

- ¿Expresa esa corriente Manguel?

- Manguel representa un neo-humanismo posible. Es un estudioso de Dante y de la Divina Comedia, y me parece que hay ahí una tensión entre una dirección que herede la tradición de los directores de una Biblioteca, que desde Mariano Moreno en adelante, eran políticos de carácter universalista, humanistas o especialistas en las culturas locales, o políticos interesados en la cultura, sin descartar algunos sacerdotes, como Segurola, muy interesantes. Todavía no se produjo esa mutación que en otras bibliotecas existe, que es la dirección pasando a manos del ingeniero de sistemas, el que efectivamente convierte la biblioteca en una biblioteca ausentista, en una biblioteca donde existe un vehículo que vaya a llevar libros a las bibliotecas del interior. Ahí hay un tema importante que es el entrecruzamiento entre instituciones del Estado. En otros países las bibliotecas reúnen funciones que en Argentina están concentradas en varios lugares. La Biblioteca Nacional de Maestros, que es grande; la Biblioteca del Congreso; la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de la Universidad de La Plata, y la Conabip (NdR: Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), fundamental institución que atiende más de dos mil quinientas bibliotecas entendidas también como movimientos sociales. Son cuatro o cinco bibliotecas más o menos iguales en tamaño y que tienen cada una su historia, no se pueden fusionar, una es más “Moreno”, otra más “Sarmiento y Lugones”, otra más “Juan María Gutiérrez”. El mundo informático lleva a fusionarlas en otro plano. En un punto del ciberespacio son fusionables todas las bibliotecas, está bien, se tornan en “objetos digitales”, pero eso es una hecho culturalmente significativo si ocurre en el mundo fenoménico real. Pero, esa fusión de todas las bibliotecas en el ciberespacio recrea la cuestión de la hegemonía, a nivel del manejo central de los bancos de datos, nombre también tomado la terminología de las finanzas, aunque el banco es el lugar físico más antiguo que hay donde se realiza el intercambio comercial a nivel presencial; aunque ahora son menos presenciales, aún se ven colas en los bancos, pero se tiende al home-banking, la idea ilusoria que cada domicilio privado se fusiona con un banco. A ninguna de esas ideas las rechazamos, a todas les vimos el lado metafórico-literario, que es la forma que tiene una biblioteca de tradición humanística de incorporar la revolución técnica.

- Volvamos a los vehículos y las formas de intervención.

- Lo que decía de llevar los libros a una localidad del interior es intervenir en lo que hace la Conabip. Yo tenía acuerdos amistosos con la Conabip, es importante que los funcionarios a cargo se reconozcan entre sí y presten e intercalen los campos respectivos de los cuales proviene su incumbencia mayor, por ello las incumbencias secundarias tienen que intercambiarse. La Conabip tiene algo de Biblioteca Nacional, que es lo que la Biblioteca Nacional no tiene, que es hacer compras masivas en las editoriales para facilitar que se deriven a las bibliotecas del interior. En el interior del país, ya dije, hay 2500 bibliotecas. Nuestro país es muy bibliotecario, un poco la manera que imaginó Moreno copiando la de Franklin.

Que los vehículos de la Biblioteca Nacional fueran a repartir los libros editados por la Biblioteca Nacional a una pequeña biblioteca del interior, todo acordado con la Conabip, exige viáticos, exige personal y genera un vínculo insustituible por ninguna otra cosa que no sea la ejecución explicita en el lugar, en ese espacio y en ese tiempo, de ese vínculo existencial. Por eso me parece que debe ser protegido, ese vínculo debe acompañar a la Biblioteca Nacional del tipo latinoamericano, porque las bibliotecas europeas ya han hecho un camino irreversible en el sentido de que es una casa de servicios digitales para un mundo de investigaciones especializadas, al mismo tiempo poseedores de los mayores tesoros de nuestra cultura. Pero cuando ves la actividad cultural de la Biblioteca Nacional de Francia, o la de Berlín, o la de Inglaterra, o la de España incluso, las cuales conozco más o menos, te asombrás de hasta qué punto esas actividades culturales que emanan directamente de ese enorme repositorio bibliográfico que tienen, desmienten de alguna manera la ideología oficial informática de las bibliotecas y la falsedad del debate de si son “casas de cultura” con libros o repositorios y colecciones de libros catalogados “con el agregado de ciertas actividades culturales”.

En una Biblioteca viva no hay un “además”; todo está integrado y todo se interrelaciona en forma inestable. Esa ideología informática no hace necesaria las exposiciones, que son las que crean los lectores, exhibir los libros que de otra manera consultaría un reducido puñado de especialistas. La actual administración de Manguel está condenada a hacer lo mismo que hicimos nosotros, sólo que renegando de nosotros al mismo tiempo que toman todos nuestros temas e intentan remedar, con curadores traídos de fuera del país, el gran trabajo que hicimos con curadores e investigadores formados por la propia biblioteca, tema al que poco a poco el mismo Manguel está despertando. En la Biblioteca de España hay un Museo del Libro que es un poco la historia del libro de España, que no es tan antigua ya que es una biblioteca monárquica, del siglo XVIII, y ves exhibidos algunos originales pero muchas réplicas, réplicas perfectas, pero hay réplicas ¿Por qué las réplicas? La réplica del Libro de Horas de Felipe V es una réplica porque hay una idea de la preservación de los libros, que comparto, y que sin embargo también origina una tendencia a la intangibilidad del bien cultural, que por lo tanto se relaciona con el mercado de los manuscritos, que genera que, por ejemplo, una página de Borges pueda valer un millón de dólares. Lo intangible debe sustentarse en la posibilidad de hacer tangible el objeto cultural, para escapar a la cultura del soporte, que es el proyecto hegemónico del bilbiotecarismo de mercado, de consultora privada, de home-banking bibliotecario. Ese mercado del coleccionista privado hace que la Biblioteca deba estar atenta porque también hay que contraponer a ese mercado un uso táctil. También la interferencia, la sustracción del mundo táctil de las bibliotecas es un proceso en marcha, y cada vez más la digitalización va en consonancia con un movimiento paralelo que es la extirpación del mundo táctil, es decir, la práctica experiencial sustituida por la ideología del soporte, que no se toquen más los libros. Yo creo que de una manera regulada, donde no cese ninguno de los instrumentos de protección que hay en la consulta, y que son muchos, del cuidado de que los libros queden ahí, que no se sustraigan, del cuidado de cómo se utilicen, tiene que procurarse que la biblioteca siga siendo un mundo táctil, olfativo, y no esperar a que las grandes fábricas de software reinventen el olfato, o reinventen la ilusión táctil de cómo van manejándose las hojas de una manera virtual.

Ahora, el mundo virtual tiene una forma de movimiento a través de la mecánica de lo pixeles que permite la reproducción que no imaginó ninguno de los estudiosos de la reproducción, ni Foucault, ni Heidegger. Esa reproducción tiene que tener una base cierta real en las prácticas humanas

Entonces, la Biblioteca es el centro de un gran debate entre la práctica humana directa de lectura, de discusión, de debate, de conferencia, de exposición, de concierto, que no se reduce simplemente a una división entre lo bibliotecario y lo cultural. Son dos actividades totalmente entrelazadas que llevan a un tipo de vinculación superior entre las prácticas experienciales de la cultura, entre las cuales está la consulta de un libro, o un espectáculo de un cuarteto de cámara. Se trata también de humanizar la idea de banco de datos, que supone una obtención e intercambio de información de una manera remota; no está ahí presente, es un punto en el universo definido por ser parte de un banco de datos. Esta noción se humaniza a través de la dialéctica entre la presencia y la ausencia. Tiene que ser una dialéctica que esté permanentemente presente.

-¿Esta dialéctica presencial explica el aumento de personal? En el artículo que el periódico francés Mediapart publicó con el título “La Biblioteca Nacional de Argentina: ¿Quién abandera la campaña contra Alberto Manguel?”, se cuestiona el convenio que firmó la Biblioteca para digitalizar los archivos del diario Crónica, que supuso también trabajadores para la realización de esa tarea.

- No lo explica directamente, pero el aumento de personal presupone que todo esto que estoy definiendo eran nuevas tareas. Por ejemplo, nada hacía necesario en términos teóricos que la biblioteca tuviera el archivo de Crónica, pero tarde o temprano los archivos de diarios van a ir a parar a las bibliotecas, aunque Crónica es un diario que hoy que no precisa archivo; por el tipo de diario que es le alcanza con “su” archivo, que es Google. De todos modos, los antiguos archivos de Crónica tienen la importancia de ser el registro de los años de la dictadura que espero que sigan resguardados, porque es patrimonio de los organismos de derechos humanos.

Pero a Clarín y La Nación siguen preservando sus archivos porque tiene además de un enorme valor público, un lado de servicios de informaciones, de órdenes de captura en potencia contra quienes los molestan. Entonces tienen carpetas no consultables fácilmente por alguien que no sea del diario, pero el avance de bancos de datos digitales va a hacer que las casas que se encargan de comprar información para almacenarla y mantenerla en grandes archivos, como por ejemplo Iron Mountain, que la larga van a ser lógicas del gobierno y van a decidir en su fuero íntimo si deben seguir siendo archivos públicos –por ejemplo de los movimientos de los Bancos- o si ellos mismos tienen que quemarlos. Como si fueran los Archivos de Alejandría. El mito sigue verificándose en el alto capitalismo informático, aparentemente transparente. La noción de archivo viene de lo que está en el comienzo, de un estrato anterior de la historia que es el estrato que les daba el poder a los más antiguos de gobernar el presente. Vine de Argé y también de Arconte, que fue en su momento la designación de un estilo de gobierno y un estilo de gobernantes, que es el que tiene el poder de la información por ser el más viejo, experimentado o memorioso. Por eso no ha cambiado mucho la situación. Lo cierto es que ahora hay más lucidez y conciencia de cómo se produce la operación periodística y la operación informática. Las Bibliotecas de tradición humanística deben de tomar todo esto para hacer de algún modo un pendant, un balance dentro del Estado, una pieza de contraposición dentro de un estado democrático respecto a los grandes poderes informáticos para que no puedan ser confiscados por esas grandes maquinarias que producen información regimentada y avalanchas reguladas de opinión a través de trolls y otros adminículos sobre los cuales las bibliotecas deben estar atentas, no para reproducirlos sino para intervenir críticamente en ese flujo.

Yo establecí esa discusión en la Biblioteca, era una discusión asamblearia. La discusión sobre la condiciones de trabajo la establecí en la biblioteca, las discusiones sobre la reducción de horas de trabajo también. Ahora quieren imponer ocho horas, porque si, pues con seis horas alcanza, eso supone el reparto de las horas de trabajo sin rebajar los salarios; entonces, quieren rebajar los salarios y aumentar las horas de trabajo. Es una condición decimonónica del Estado en medio de la revolución informática. Hablan de gobierno electrónico y utilizan técnicas despóticas en la administración pública. Yo hice una administración libertaria. Una administración libertaria no tiene previsto anticipadamente qué cantidad de gente se necesita. La joven y bella directora de la Biblioteca Colombiana, dice en su carta que se sintió defraudada por mí; no debió sentirse defraudada, ella cumple con su mundo, y para no defraudar a esta bella señora, yo debería haberme convertido en un fatuo que simula humildad. La Biblioteca Colombiana tiene 300 personas trabajando, pero tiene 300 empleados porque no tiene ninguna de estas concepciones que exigen un movimiento de personas que contrarreste las fórmulas de trabajo que provienen de lo que hoy ya se llama ministerio de racionalización. Cuando yo entré a la nuestra, llamado por el Presidente, había esa cantidad de personas y un vacío total, desánimo y falta de ideas. Entraron en 10 años menos de 60 personas por año, muchos sí, familiares también, incluso una hija mía, encuadernadora y especialista en artes, y mi hermana historiadora que se retiró conmigo, y entraron por acuerdos sindicales públicos y conocidos, con la idea de una Biblioteca que formara trabajadores bibliotecarios rescatados de un mercado de trabajo cruel para el no especialista y el no formado. Por eso la Biblioteca se ampliaba, formaba e inventaba incesantemente nuevas actividades donde todos aprendían, como una comuna de Icaria o de Fourier, aunque sin las restricciones que estas utopías tarde o temprano imponían.

alberto manguel

Manguel, los gremios y el funcionario quintacolumnista


- Estoy enlazando esto con lo que usted dijo anteriormente sobre el germen del proyecto racionalizador dentro del gobierno kirchnerista, con funcionarios como Lino Barañao o Elsa Barber.

- Nosotros trabajamos contra la futura creación del Ministerio de Modernización/Racionalización, mientras adentro de la Biblioteca había personas que trabajaban para crearlo. Por eso la Biblioteca anticipó de algún modo este debate que ahora se da en la era del macrismo. Ya estaba adentro el macrismo, en efecto, nuestro Lino Barañao fue la vicedirectora, en una escala por supuesto más diminuta. Para que se creen estas situaciones se precisan personas que reemplacen la política por la conspiración y la cultura por el arribismo.

- Manguel y la vicedirectora se han expresado sobre los grandes problemas que tiene la Biblioteca a nivel gremial, con los cuales usted también tuvo que convivir.

- La cuestión gremial en el Estado viene de antiguo, es un tipo de gremialismo que se diferencia del gremialismo de las grandes empresas; no es un gremialismo que se protagoniza al costado de la Panamericana, es decir, no es un gremialismo estrictamente de lucha, sino de resguardo de derechos. El dirigente sindical, sea o no sea de izquierda, se arriesga aunque tenga fuero sindical, con la dirigencia de personal de la empresa y la policía interna de la fábrica. En el Estado no ocurre eso. Se dan síntomas específicos de cogobierno con los sindicatos en muchas instituciones; esos síntomas estaban también en la Biblioteca Nacional, porque en realidad el sindicalismo estatal reproduce una especie de inflación empleaticia; es un factor con el cual no es que haya que convivir obligatoria o resignadamente, pero al que hay que moderar porque en realidad la disputa histórica entre ATE y UPCN es una disputa que el Estado contiene a costa de ampliar permanentemente sus cuadros. No digo que eso no haya ocurrido en la Biblioteca, y sobre eso tienen que reflexionar ahora los dirigentes sindicales, que se limitan a negociar en silencio y en inferioridad de condiciones con los nuevos burócratas expulsadores, y en un clima de miedo. Pero habiendo esa tendencia que aflora en épocas de democracias y relaciones emancipadas, el Estado crece cincelándolas, dándole cauce y nutriéndose a la vez de ellas. Por eso cuando hay una efectiva democracia interna en el Estado, que yo protagonicé con todas las instituciones de la época del kirchnerismo, en esa democracia interna hay fuertes negociaciones permanentes que no son las paritarias; es la negociación por la construcción de la planta del Estado, y en este caso se optó por un aumento de la planta estatal a través de contratos precarios, que es un problema que con justa razón hoy muchos critican, y yo también. No hubo tiempo o no se quiso corregirlo. Hay un motor interno dentro del Estado que se expresa en esa contraposición ATE-UPCN, que tienen características diferentes. UPCN es un sindicato que surge con el peronismo, incluso la sede central dentro de la historia del sindicato es característica, es una bella casa en la calle Moreno que fue cedida por Perón, y sus primeros afiliados fueron el funcionariado de categoría superior del Estado. ATE viene de los años ’20 y tiene una tradición anarco-socialista, en eso conservan ciertas diferencias pero en lugares como la Biblioteca los acercamientos son muchos porque finalmente lo que termina triunfando es la construcción de un cuerpo de personas sindicalizadas que aporten al gremio, y los gremios se debaten entre las necesidades de hacer entrar personas, en general son grupos con vínculos familiares, y la prudencia con la cual muchos gremios cumplen, aunque sea en las formas, con la idea de que para entrar al Estado hay que observar ciertos requisitos, como la formación para la calidad de la tarea que se puede desempeñar, se tenga o no formación previa. Este es un gran tema, la opción por la heterogeneidad de las incorporaciones, el complemento entre los que son requeridos para tareas específicas o el empleo social genérico, de donde deben salir voluntades responsables y con deseos de aprender una o varias tareas o profesiones. Bueno, esto no siempre queda claro, pero en este último período enfatizamos mucho esta cuestión pedagógica, concibiendo a la Biblioteca como una escuela, o un taller escuela. Debido a que el Estado desempeñó un rol empleador de tipo social, por lo tanto la Biblioteca Nacional tuvo dos características, el empleo de especialistas, muchos estudiantes universitarios con saberes específicos que la enriqueció muchísimo, y un grupo de empleados jóvenes, de primer empleo, que tenían el destino de repositor de supermercado, es decir, que no estaban destinados a trabajar en una biblioteca. Esto para mí era muy interesante, porque era el sector más destinado a recibir el impulso de lo que es el trabajo en una biblioteca, porque la biblioteca exige muchas funciones; hay cincuenta oficios diferentes, del calderista, el jardinero, el electricista, al bibliotecario; en fin, la función bibliotecaria es la mayoritaria pero después hay trabajos que podían ser realizados por los jóvenes de primer empleo cuyo destino era gris, y no digo que esto se haya hecho sin problemas, pero la Biblioteca estaba en el desvío del destino ingrato de muchas vidas. Conozco muchas bibliotecarias tradicionalistas que se espantarían por este pensamiento, pero es la lucha entre la biblioteca con claustros precintados y que ahuyentan lectores, y la biblioteca como forma de vida.

- Un rol de inclusión, que quien desconoce las múltiples tareas que exige la Biblioteca, condena.

- Era muy interesante. En primer lugar te voy a decir algo difícil, un poco abismal de la tradición bibliotecaria argentina o del viejo funcionario argentino, que es en general anti-sindical, o no sindical, y por lo tanto la reproducción del Estado se hace siempre en términos genealógicos, familiares; o se realiza con exámenes o pseudo exámenes que reproducen lo que está. Al ingresar un grupo de personas no preparadas para una biblioteca se generaba la simultánea y paralela obligación de la institución de generar cursos, de establecer niveles de formación, de compromiso, de responsabilidad, y por lo tanto esa fue mi gran apuesta, y lo que se obtuvo a lo largo de esos diez años fue toda clase de actitudes, por supuesto actitudes de quién no hizo su pacto de su autocreación como sujeto laboral, pero fue una minoría. En realidad, hay un enorme logro de quienes hicieron el pacto con su autogeneración en términos de empleados públicos con lucidez y responsabilidad. Así se genera una nueva institución, incorporando al que sabe, el que está preparado, e incorporando al que sabe que se tiene que preparar, que tenía que aprender. Entonces, están todas las instancias. Yo concebí la biblioteca como un instrumento de creación de vidas de ese tipo, un poco siguiendo las enseñanzas de un gran bibliotecario de la India, Shiyali Ramamrita Ranganathan, que concibió a la biblioteca como un ente vital, como una representación de la vida. Sentí que hicimos una gestión vitalista, no burocrática, por eso nos atacan los burócratas, los que creen que hay una división de trabajo ya prefigurada, los bibliotecarios más tradicionalistas que son los que hicieron la alianza de subordinación a los poderes informáticos mundiales, y que son los que gobiernan hoy la biblioteca con la máscara de Fernando VII, llamémosla así, cuyo nombre es Alberto Manguel, al que invito a debatir conmigo cuál es el destino y la incumbencia de las Bibliotecas Nacionales. Es un humanista que no obstante cuida su prestigio en el mercado ideológico globalizado. Pues bien, debatamos sobre las bibliotecas, nuestro tema, en el lugar que sea.

- Se lo ha acusado de denostar a Manguel. ¿Qué puede decirnos además sobre Alberto Manguel?

- Lo llamo al debate. Sabe bien lo que es el infierno, el purgatorio y el paraíso. Si no ocupara hoy el puesto que ocupa, sería todo más fácil, pues el papel que sin darse cuenta está haciendo, es el del distraído que aparentemente no percibe las nuevas formas de despotismo administrativo y toma irresponsablemente la crítica a las “bibliotecas culturales”, fingiendo un comedimiento que no tiene, pero termina haciendo rápido y descuidadamente lo mismo que hacíamos bien y con menos costos. No lo veo fácil, pero lo llamo a un debate, incluso sobre sus temas específicos, Dante, Shakespeare, la historia de la lectura, los derechos humanos, las tecnologías. Si lee estas líneas, quizás se anime.

- ¿Y cuál es ese lugar que Manguel ocupa y el papel que desarrolla?

- Está ocupando el lugar del prestigio cultural, que no es la cultura. El prestigio cultural es otra cosa, a veces contrario a la cultura. Cultura es lo que no uno no sabe, es el abismo que está frente a vos, es el infierno del Dante, para hablar en sus términos; y el prestigio cultural es saber sobre el infierno del Dante, citar correctamente a Dante. Cultura quizá no es saber tanto sobre Dante, pero protagonizar los pasajes por todos los estadios del infierno, del purgatorio y del paraíso. Esa sería una diferencia con Manguel.

He leído la obra de Manguel, puedo decir que tengo una estima por su ella, pero es una obra que está cercana al best seller; él quizá no lo crea, ni lo crean sus lectores que piensan que están leyendo el delicioso producto de una rigurosa investigación. De alguna manera lo es. Toda su vida se dedicó a leer lo que leyó: Borges, Shakespeare, la Divina Comedia, pero es como un relator externo de esos textos, y tiene un método de trabajo que en realidad es el método de Borges, sólo que Borges lo hizo de tal manera que lo desmetodizó, que es encontrar hechos atípicos y de una heterogeneidad llamativa, y enhebrarlos de una manera imaginativa. Manguel enhebra hechos diversos de la historia de la literatura de una manera homogénea, no con la heterogeneidad chispeante, traviesa y curiosa, como lo hizo Borges. “Una historia natural de la curiosidad” es lo menos curioso que hay.

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La cultura del prestigio y el gobierno del señor miedo


- ¿Manguel sería un representante de la cultura globalizada?

- Sí, pero no lo digo con desprecio porque tiene un poco la inspiración de Umberto Eco, que lo era en gran estilo. Eco escribió “Cómo se hace una tesis”, que es su peor libro porque no fue hecho en broma. Jacques Derrida escribió lo mismo, tampoco en broma, pero desde el interior de una profunda disconformidad al ver cómo la industria de la tesis va aniquilando la idea de universidad. Umberto Eco escribió sobre cómo hacer una tesis pero también escribió grandes perspectivas sobre la idea del lector frente a la técnica; hace sus reflexiones alrededor del lector y la técnica a favor del libro y tiene su famoso ejemplo de que como el libro, la cuchara y la rueda, son inventos definitivos, concluyentes, no exigen ningún progreso. En eso coincide con la tesis de Adorno de que no hay progreso en el arte. Pueden ponérsele adornos nuevos a su alrededor, pero en esencia son estructuras permanentes del inconsciente y de la imaginación humana. Eso es el mundo de Manguel también, que siguió la influencia de Umberto Eco. Creo que ha escrito novelas, no las conozco, pero conozco las de Umberto Eco, que son novelas prefiguradas, que tienen una estructura visible de novela; no tienen la capacidad de negarse a sí mismas como las grandes novelas, que no dicen “esto es una novela”, con una arquitectónica novelística. Flaubert o Stendhal no dicen “esto es una estructura novelística”. Eco dice eso y lo hace muy bien, a punto tal que puede transformar una novela en un buen guión de cine, en una película, como fue “El nombre de la rosa”, y está el rastro borgeano permanentemente allí. Por eso es tan importante Borges.

- ¿Cuáles son esos rastros borgeanos?

- Borges es su obra y su forma de inmiscuirse en los medios de comunicación de una manera irónica. Es una ironía permanente sobre los medios de comunicación. Umberto Eco lidió bastante bien con eso. Manguel no sé cómo va a lidiar con la ironía sobre los medios de comunicación, no lo veo con ninguna ironía. En ese sentido, es un producto más claro de la globalización, que aparenta traer formas vidas de libre, pero no conoce el acto irónico por el cual esa libertad se difunde con tecnologías que la permiten para también oprimirla. Además, yo creo que ni nacer, ni no nacer en la Argentina, es un hecho que te da ventaja o desventaja, no le doy importancia a eso, fíjate el gran ejemplo de Groussac; pero estando en la Argentina tenés que conocer más su cultura, o tiene que ligarse más a la pregunta de si hay una cultura argentina. Creo que la hay, pero se demuestra conversando, investigándola, y creándola también. Cada presente genera una cultura argentina que se hace disponible para ese presente. Borges tiene la particularidad de ser enteramente la cultura argentina y tener lazos permanentes con lo que llamamos la cultura universal, que son lazos muy difíciles. Borges dice que él es argentino por la sangre, por lo tanto es tan universal como anti-universal decir que se es argentino por algo llamado la sangre. Creo que Manguel es un borgeano a quién le faltan todos esos artilugios o artificios, como queramos llamarle.

- ¿Cómo sería el Borges de Manguel?

- Es el Borges globalizado que no tiene asperezas, no tiene ironía, no tiene los momentos oscuros de su obra. Es un Borges para inspirar a otros; no es el Borges que rescribe la historia como hecho maldito. La historia como hecho maldito no está en Manguel. Hay una idea de un humanismo superficial, compartible aunque sea superficial porque los libros de Manguel son finalmente para hablar de Mandela, de Primo Levi. “Una historia natural de la curiosidad” es una especie de autobiografía de sus lecturas basada en el Dante, pero con discusiones sobre el humanismo científico, el humanismo técnico, esos temas compartibles con Manguel sobre los cuales podríamos hablar perfectamente, pero él desde el punto de vista de la globalización, porque poner a Mandela como modelo de los derechos humanos de la Argentina es la globalización. Mandela está bien en relación a cómo se resolvió en Sudáfrica la cuestión de los derechos humanos. En Argentina, tanto Fernández Meijide como Carrió, tienen una postura como la de Mandela en cuanto a cambiar información militar por libertades y finalización de los juicios. Manguel tiene esa postura, no lo dice para la Argentina pero su tratamiento sobre el tema de Mandela lo insinúa en sus libros. Manguel es muy político, si no habla de política es porque tendría que decir algo que se desprende de sus libros. Tendría que decir, por ejemplo, que no está de acuerdo con el gobierno de Mauricio Macri.

- ¿Que no está de acuerdo?

- Sí, lo tendría que decir porque en sus libros como, por ejemplo, en “Una historia de la lectura”, que es un correcto libro, o en “Una historia natural de la curiosidad”, que es su libro último traducido, su libro sobre la historia del concepto de intelectual, la continuación de historia de la lectura, que se llama “El viajero, la torre y la larva”, son libros que tienen cuestionamientos al avance del gobierno de los técnicos sobre la tradición humanística, de Pico della Mirándola o de Platón.

Imagínate Dante y Virgilio, que es la combinación del mundo griego con el mundo romano, que es la combinación del idioma griego con el latín, en el comienzo del toscano y por lo tanto del castellano, un personaje así desliza continuamente sus reservas al mundo técnico. Yo podría tener horas de conversación sobre esos temas. Si no es posible tenerlas es porque Manguel no declara la verdad; si tuviera que explorar en su propia consciencia crítica, tendría que emitir permanentemente denuestos contra el macrismo, pero tiene que decidir si es como el Ministro de Ciencias o no. Si es como Lino Barañao o no. Tiene que definir si es como Elsa Barber o no, quién actúo en épocas anteriores con espíritu de servicios de informaciones para aplicar en esta época todo lo que contribuía al desmantelamiento y al derrocamiento moral de la época anterior. Eso es Lino Barañao, y en una escala muy menor, Elsa Barber. La pregunta que le haría a Manguel es si está dispuesto a cumplir ese papel.

-En relación a la Biblioteca, Manguel dijo que los objetivos de una biblioteca nacional son los que fueron desde la época de Alejandría: poner al servicio del público, lo más eficazmente posible, los fondos que posee, y facilitarle la búsqueda de datos y de textos", y que “Toda biblioteca declara la identidad de su lector o lectores. Una biblioteca nacional debe por lo tanto reflejar la identidad de esa criatura imaginaria que convenimos en llamar una nación” y no representar un "nacionalismo de caricatura", sino que "debe tener en cuenta todas, absolutamente todas las cuestiones de identidad”.

- Nunca le escuche decir eso de la identidad nacional, que debe ser examinado bajo todas las luces del caso. Sí escuché sobre la búsqueda del lector, y eso lo comparto plenamente. Manguel dice eso creyendo que combate la administración anterior, pero no la conoce bien. Cometió el error de cerrar la editora, la tiene que abrir urgentemente porque para decirlo más francamente, él cree que somos improvisados, él cree que venimos de la politiquería o de la falta de estudio, del nacionalismo tremendista o del populismo trivializado, no cree que somos personas que estamos relacionadas perfectamente con el mundo cultural en términos críticos y creativos. Como no lo cree despreció todo lo que hacíamos, y como es un hombre lúcido, aunque creo que un poco ingenuo, poco a poco se va a dar cuenta que no estábamos carentes de preparación, sino al contrario, que estábamos haciendo nuestro viaje de Alighieri por la cultura argentina. Si él está dando los mismos pasos, pisando las mismas huellas que nosotros al construir la Biblioteca, no es ninguna novedad que se encuentre con un tema sindical pero en mi caso, que tengo una sensibilidad social, que sé qué son los sindicatos y que he colaborado con sindicatos toda mi vida, y que tengo una clara simpatía por una línea sindical en la Argentina, para mí no era un gran problema tratar con los sindicatos; yo era un tercero en la vida sindical de la Biblioteca, después de esas dos grandes líneas sindicales. Sobre eso tengo algo que decir, tengo algunas críticas hacia los sindicatos del Estado, que se amplían en días de construcción democrática diaria y que se retrae cuando vienen las épocas de las restricciones, el despotismo administrativo, porque hoy hay un despotismo administrativo dentro de la Biblioteca y una amenaza permanente; se echaron a 240 trabajadores y luego los reincorporados fueron muchos.

La pregunta es, si sobraba personal y echaron a más de 200 personas, por qué reincorporaron a la mayoría. No era porque tuvieran miedo, más bien porque querían crear miedo. Así gobierna la Biblioteca el Sr. Miedo, porque ha reincorporado bajo el signo del temor y el agradecimiento sumiso a quién lo reincorporó. Eso es lo que hicieron. Ayer dijeron que tomé 240 militantes. Cifra mágica. La usan para despedir, para acusarme de politiquero. Bien, lo llamo 240 veces al señor Manguel al debate, esta vez, con el tema “que sería una cultura nacional”, cómo se despliega en su diferencia y en su identidad. Decir que representamos una “caricatura” le cierra la comprensión del mismo pasado inmediato sobre el que él deberá construir su historia.

- ¿Es la misma lógica del gobierno de CEOS de Macri?

- Si, por eso han echado y reincorporado, es una negociación invisible que se hace en la conciencia de las personas que deben saber que ahora no tienen más que tocar el bombo para pedir tal o cual cosa. Es la prohibición del bombo. Una vez le dije a un conocido dirigente de UPCN, Andrés Rodríguez, en una de las charlas que tuve con él que siempre fueron correctas, que el hecho de tocar el bombo en la Biblioteca, que es una gran caja de resonancia, debía utilizarse con cierto tino, siempre reconociendo en el bombo un instrumento clásico de la memoria de lucha del obrero argentino, que por supuesto proviene del carnaval, pero que en la Argentina reformulado por los movimientos sociales, es un instrumento que acompaña la percusión de la lucha. En ese sentido es que le propuse que en la Biblioteca se empleara no todos los días para pedir cosas que se podían perfectamente conversar. Rodríguez me respondió, “pero no vamos a prohibir el bombo”. Claro, perfecto, por supuesto. Tomo esa frase que me parece justa que la diga un dirigente sindical para preguntar por qué ahora, que sería el momento para que se luzca con su elemento percusivo de la disconformidad existencial del trabajador, no ocurre. El bombo se recogió a sus hangares por efecto del miedo, entonces los sindicatos paradójicamente también adquirieron más poder porque definieron quién salía y quién entraba, cumplieron el peor de los papeles que puede cumplir un sindicato en la vida sindical. Esto hay que decirlo, y lo digo con amistad hacia los sindicatos, porque tienen que reflexionar.

Cuando se hizo el acto en la Rural (NdR: protesta en la inauguración de la feria del libro por los despidos), estaban en contra porque pensaban que ponían en peligro las negociaciones que se hacían en el ministerio de modernización/racionalización; un nombre orwelliano para un ministerio. Todo sindicato hace un acto de rebeldía y después puede concurrir a la oficina del empleador, y más si es un sindicato de estatales que tienen prácticas extendidas, también lo hacen los sindicatos de izquierda, y es el método conocido de todos los sindicatos del mundo, graduando de alguna manera la protesta y el momento en que en una posición de fuerza va el representante sindical a discutir con la patronal. En la Rural la protesta la hicieron artistas callejeros, críticos de arte y literatura, críticos de teatro, que con sensibilidad social toman todos los temas, desde Milagros Sala hasta la Biblioteca Nacional, y que por inspiración propia, porque nosotros no organizamos ese acto, lo llevaron a cabo con mucho cuidado, con carteles que hicieron ellos y no interrumpieron el discurso de Manguel en la Rural. Manguel leyó sin hacer comentarios y está bien que así lo hiciera, no tenía por qué decir fuera de aquí, ni voy a escuchar este reclamo, y eran muchas personas, eran 50 o 60 personas levantando carteles. Bueno, los gremios estaban en contra de eso, ante un acto imaginativo.

Yo fui a muchas inauguraciones de Ferias del libro, y en casi todas en las que escuché a Hernán Lombardi, éste acusaba de barbarie a la oradora u orador anterior que en general eran funcionarios culturales del gobierno designados como representantes de corrientes culturales, oradores de calidad. Este acto podría haber sido acusado de barbarie, sin embargo fue una de las protestas más refinadas de las que tuve conocimiento. Ahora, los sindicatos estaban en contra porque temían que se resquebrajara el único ámbito que ellos consideraban legítimo. En eso se equivocaban; los ámbitos legítimos para el movimiento sindical pueden ser el despacho de un legislador, el despacho del racionalizador estatal frente al cual hay que ir con apreciaciones ásperas respecto a ese papel tan triste que cumple, y el ágora, la plaza pública. La Feria del Libro es un lugar de debate y finalmente lo que se hizo fue una protesta en términos de debate, y hasta me parece que Manguel lo entendió así. No era un acto de agresión contra él. Y eso es lo que me entristece con respecto a la actual posición sindical de la Biblioteca.

-¿Cómo ve a la Biblioteca hoy, ya fuera de la gestión?

- La biblioteca se está destruyendo porque han destruido su alma; las tecnologías no van a reemplazar el alma de una biblioteca, el alma de una biblioteca es indefinible, es el lector que encuentra un libro inesperado, es el bibliotecario que encuentra un libro mal puesto en el estante que durante un siglo parecía desaparecido, porque es muy fácil perder un libro si lo desacomodás.

La biblioteca tiene la dialéctica de la pérdida y el encuentro de libros permanentemente, siempre se encuentran cosas nuevas. En la Biblioteca Nacional de Francia, en 1844, se encontraron los manuscritos de Pascal que permitieron rescribir los Pensamientos que habían sido escritos dos siglos antes. En la Biblioteca Nacional, más modestamente ocurre lo mismo; por eso es un lugar vivo, de la circulación de personas, la circulación de empleados que leen, de lectores que pueden convertirse en empleados de sí mismos, y ahí viene el crecimiento tecnológico, que tiene que estar al servicio del alma de la Biblioteca y no a la inversa como está ocurriendo ahora.

 

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Moreno, Groussac y Borges: Incendio y opacidad


- Desde la lógica de los medios de comunicación, con los que Manguel va a tener que enfrentarse, adaptarse o convivir, o lo que sea, justamente el ataque hacia su gestión pasa por esta conversión de la Biblioteca en un espacio vital ampliado a otras actividades.

- No se convirtió, siempre fue, si no hay que leer el artículo Educación, de Mariano Moreno, en el que se refiere a la Ilustración popular, porque si no se cumplía esa tarea, la Biblioteca tendría que incendiarse como la Biblioteca de Alejandría. ¿Quién era ese joven incendiario argentino que tomó el mito de Alejandría en su parte más problemática que era el incendio, si no cumplía con la fe de la ilustración? Ya estaba destinada así la creación de la Biblioteca Nacional. Y las grandes gestiones de la Biblioteca, que por distintas razones fueron la de Groussac y Borges, estaban inspiradas en ese fin. La de Groussac porque tenía en su cabeza la idea de la catalogación, y Borges la tenía como idea ficcional. Borges hace de la catalogación irrisoria un tema ficcional. En Borges es posible lanzar la catalogación, crearla y arruinarla al mismo tiempo con la confusión de las categorías. Lo de Borges es muy interesante porque establece las categorías, que mueven a risa, no permiten la catalogación, pero es un pensamiento de la catalogación, que la hace imposible para hacerla posible. Yo siempre le dije a los bibliotecarios que aprendieran del idioma de John Wilkins, o de lo grandes textos de Borges, o de la enumeración, la catalogación, o la poesía de Whitman, donde Borges critica la enumeración pero también él la toma de manera caótica, la caotiza en el Aleph.

El mecanismo del Aleph es un mecanismo catalogatorio que no diferencia entre un pequeño objeto y uno grande, el concepto abarcador y el concepto para un solo caso. Es muy interesante para la profesión bibliotecaria, así como Groussac se planteó cómo puede ser catalogado un libro que abordara muchos temas. Si un bibliotecario no se plantea que siempre hay un libro que sobra para la catalogación, no entiende la catalogación. Con esto quiero decir que todas las grandes gestiones de las bibliotecas fueron las que inspiraron la nuestra. No pretendo estar entre esas grandes gestiones porque fue una dirección muy compleja con grupos políticos funcionando adentro; no solo Carta abierta, se hacían muchas reuniones de todos los grupos políticos que pedían la sala. Carta Abierta fue un punto crítico.

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Carta Abierta: El fuego o el patio de Callias inspirado en Walsh


- Con Carta Abierta ustedes recibieron fuertes críticas bajo el argumento de que se habilitó la Biblioteca para un espacio político, el kirchnerismo.

- Analicemos ese punto, porque efectivamente ese es un punto crucial. En primer lugar dejame recordarte lo que permite el tratamiento del punto con más matices. La Biblioteca siempre fue un ente político, imaginate que Moreno la fundó en medio de una guerra con lo que no sólo fue un ente político sino militar al que le daba la tarea de complementar por la negativa lo que era una guerra. Ante las vicisitudes de la guerra era necesaria una biblioteca. Biblioteca y guerra están muy relacionadas.

- Como lo están biblioteca, periódico y guerra.

- Si, biblioteca, guerra, periódico; no en vano el ejército norteamericano ocupa Irak y desmantela los museos, que es la historia milenaria de Irak que está ahora rondando con sus pizas devastadas por el mundo en todos los mercados clandestinos del arte, igual que desmantela la Biblioteca Nacional de Irak. Son crímenes culturales relacionados con la guerra e íntimamente relacionados con la Biblioteca. La Biblioteca de Sarajevo, otro gran caso contemporáneo. No hay ningún momento importante de la humanidad donde el fuego no acechara las bibliotecas.

Groussac fue un personaje conservador profundamente agudo y político, que adscribió al grupo de Bernardo de Yrigoyen, y que estaba relacionado con el diario Sudamérica. Yrigoyen venía del rosismo. Tenía un pasado rosista, como quién hoy tiene un pasado kirchnerista y quisiera despegarse, así como Mansilla, sobrino de Rosas, retaba a duelo a quien le recordara malévolamente esa situación familiar. Groussac no es rosista, pero igual que Rosas en Europa, condena a la Comuna de París como luego condenará a los dreyfussards. Más politizante no pudo ser.

Otro caso importante de politización de la Biblioteca es el de Borges, a quien se lo presenta como una especie de espíritu flotante que daba clases de inglés antiguo; claro que lo hacía, pero el Borges presencial es la presencia carnal encarnada en una única persona, en su “aura”. Versiones completas de las declaraciones de apoyo a la la Revolución Libertadora fueron escritas y dadas en la Biblioteca Nacional. Bioy Casares da explicaciones muy interesantes sobre el mito del habla, cuando cae Perón. La versión de ellos dos era la corrupción, los amoríos de Perón con una joven, en fin, todos los chistes antiperonistas conocidos, y cuando viene el frondicismo cambian los temas, se empieza a hablar de desarrollo, de estructura económica, se funda la nueva sociología, cambia la universidad, aparece el apellido Frondizi en las izquierdas y simultáneamente en la Universidad y en la presidencia de la República. Y Borges le dice a Adolfo Bioy Cásares, quién lo cuenta en su libro sobre el balance de la relación entre ambos: “Como han cambiado las cosas, que ahora somos los únicos dos que quedamos y hablamos de las viejas cosas… Ahora todo el resto habla de Frondizi”. Cada época genera su lenguaje, los medios tienen su papel para instalar como estacas esos lenguajes, y Borges y Bioy Casares sintieron que estaban en su gran tema que era la elaboración de máximas sentencias, como diría Borges, de anti-vindicación del peronismo, del espejo partido del peronismo, siendo que en la obra de Borges están los mismos temas del peronismo tratados de otra manera, lo esquivo, las formas erróneas del amor, traición, vida y destino, muerte, etc.

Lo de Carta abierta no es nada muy diferente a esto; era un ángulo politizador que ocurrió espontáneamente porque efectivamente ocurrió que el presidente Néstor Kirchner fue a la Biblioteca. Ese fue un hecho fundador. La idea de Carta Abierta tiene su origen en un mail que nos manda Nicolás Casullo a Ricardo Forster, a Jaime Sorín y a mí, donde nos proponía reunimos, y que el lugar más adecuado podría ser la Biblioteca de la que yo ya era director. La propuesta se da antes del conflicto del campo (NdR: conflicto por retenciones móviles a la soja y al girasol a través de la Resolución 125/08), que hay que entenderlo como un momento de profunda emergencia. Cómo iba a decir yo a personas que eran médicos, arquitectos, docentes, psicoanalistas, intelectuales, hombres de teatro, que no vinieran a la Biblioteca. Cómo iba a impedir que Étienne Balibar diera en la Biblioteca una exposición de lo más brillante sobre Althusser y el marxismo. Y que Leonardo Favio, entre tantos otros, se acercara con su curiosidad artística sabiendo que todo estaba en estado provisorio. Y vino porque sabía que en la Biblioteca, y en Carta Abierta, se reunían intelectuales.

El otro problema es llamarse intelectual. No sé si el nombre es conveniente, no sé si hay que seguir usando esa palabra o no; tal vez deba aparecer otra más interesante pero mientras tanto es una palabra que protege ciertas actividades en vías de extinción, porque el que hoy existe es el intelectual de los medios que finge una supuesta sumisión frente al intelectual clásico, que es el que habla de Borges, o de Pitágoras, y dice, “venga usted a la televisión a ayudarnos a pensar”. Es hipócrita, ningún presentador o periodista de la televisión piensa que un portador de un título de licenciado en Filosofía lo ayude a pensar, lo que verdaderamente les interesa pensar lo dicen ellos y los cinco minutos que te ofrecen son despreciables. Eso es el intelectual hoy, estar en los medios de comunicación o manejar sistemas informáticos. Por eso, que se reuniera Carta Abierta en la Biblioteca fue para mí un gran hecho cultural, problemático por supuesto, que sirve hoy para hacerlo funcionar para el desprestigio de una gestión en todos los ámbitos disponibles ensayó sutilezas asombrosas. Pero en Carta Abierta se realizaron también, homenajes a personajes olvidados, publicaciones de libros, hasta reuniones tumultuosas que eran reproducción del ágora más antigüo; no te voy a decir que faltaba Tito Livio o los tribunos de la plebe, pero había muchos. Tenemos dos opciones: pensar que el kirchnerismo tenía un vil instrumento político, o pensar que en ese momento lo que se llamaba Carta Abierta por inspiración en Rodolfo Walsh, enhebraba todo eso y mejoraba la política argentina, mejoraba lo que se llamaba kirchnerismo, y mejoraba a la presidencia de la República. Creo que así lo entendió Néstor Kirchner cuando fue y se anotó como orador, con toda la forma asamblearia. Entonces, era una Biblioteca con una asamblea que evocaba saberes peripatéticos, es decir el patio de Callias donde Platón se paseaba con sus discípulos. No era Platón, ni era Kirchner, ni éramos nosotros; eran profesores de la Universidad en medio de una tempestad de la historia, y la Biblioteca los acogía como acogió la mala idea de José Mármol, que no pasará a la historia como un hombre torpe sino como el autor de una gran novela, Amalia; casi fundador de la novela argentina, que cometió un acto de barbarie cultural al retirar los libros de teología diciendo que ya estaba superados, cuando allí yacían tesoros del pensamiento humano; o a Groussac, que era un eminente político que no se privó de decir nada haciendo temblar a los gobiernos. Estuvo 40 años, era una especie de zar Nicolás II de la Biblioteca Nacional; sus amigos eran o fueron tres presidentes, Avellaneda, Sáenz Peña y Pellegrini.

Con Borges fue diferente porque siempre se quiso quedar pero siempre temió que lo sacarán. Está muy testimoniado en el libro de Bioy. Borges ocupa el interregno de los tantos gobiernos entre dos peronismos diferentes que hubo –del 55 al 73, pero convive los meses de Cámpora, con una gestión opaca funcionalmente pero brillante por su mera presencia; esa es la contradicción principal, y con una revista de la Biblioteca que era una sucursal de la revista Sur, que en 18 años publicó seis ejemplares. Nosotros en diez años publicamos 15 ejemplares. La Biblioteca, revista ensayística de las mejores que hubo en la Argentina, que ahora no sé si la seguirán editando. Eran ensayos originales, buenas publicaciones que por el tamaño que tenía era barata, aunque no la leían muchas personas. Era una revista que equipararía con Carta Abierta porque desafiaba a la Presidencia de la república, con el lenguaje, por su mera presencia. Esa es la secreta dialéctica de una Biblioteca Nacional.

- Que desde el reduccionismo político y la jibarización mediática, son productos de la pesada y malversadora gestión K.

- Si lo querés ver desde un ángulo menor, sería la reunión de los intelectuales K, que es una letra fatídica tal como se emplea hoy; si lo queremos ver desde la actividad de la Biblioteca fue un hecho memorable y conmemorable. Esa revista se va a estudiar en el futuro inmediato como uno de los grandes testimonios de la vida intelectual argentina. Le diría a Manguel, si tuviera que hablar con él –ya que lo desafío a una discusión pública-, que no cometa esa equivocación, que muchos torpes comentaristas culturales cometen en este momento porque están acostumbrados a hacer revistas de suplementos de periódicos que están sometidos a lógicas de revistas de la globalización. La revista de la Biblioteca es una publicación de cultura argentina y universal hecha por autores argentinos.
Todo eso exigía personal, por eso no es calculable el número de personas que exigía la Biblioteca Nacional. El número de personas de la Biblioteca es el que hay en un determinado momento de su desarrollo histórico y cultural. Era el que había y tanto es así, que lo demuestra el hecho que echaron e reincorporaron, sólo que lo hicieron bajo el signo del temor, y eso es una forma de hacer morir una Biblioteca.


Museo portada

Mediapart, Consuelo Gaitán y el rol de las bibliotecas en Iberoamérica


- Cuando se refirió a Lombardi - el planteo en términos de lo barbárico y lo civilizatorio- pensé en otra crítica que se hace a su gestión de la Biblioteca, sostenida en la idea de que en su afán de extender sus actividades “la BNMM se erigió en el Museo del Libro, un edificio en el que se han encontrado fugas de agua en el depósito de los manuscritos y en las salas de lectura; las instalaciones de calefacción y aire acondicionado son deficientes y la iluminación es de mala calidad”.

- ¿Dónde leíste eso?

- En el artículo de Mediapart.

- ¡Ah! ¡Pero no es así! Primero se construyó un gran edificio, que fue el Museo de la Lengua, que fue una decisión de nuestra gestión y que contó con la gran dirección de María Pía López. Ese museo es muy original, en la Argentina no hay otro. Primero hay que decir eso. La Biblioteca tuvo una política de lengua heredera de la Generación del 37. La Biblioteca, por otro lado, tiene una estructura arquitectónica muy compleja, está al borde del Rio de la Plata, históricamente casi terrenos ganados al río. Las napas del río llegan al contrafrente de la Biblioteca Nacional, por eso al haber puesto los depósitos en el subsuelo, que es el corazón de la Biblioteca, hace que haya cierta humedad, siempre controlada en los niveles adecuados; puede haber pasado alguna vez pero no es la nota dominante de lo que pasó. La subdirectora de aquel momento, que sigue siendo subdirectora hoy, ingresó a la Biblioteca Nacional con un acuerdo que hizo ella, sin consultarme a mí, con el Ministerio de Planificación a cargo de Julio De Vido, para traer nuevos sistemas de climatización, como los que tenía Planificación. Perfecto. Ella conocía mejor que yo ese mecanismo. La Asociación de Amigos fue la que recibió el dinero y lo administró correctamente para instalar una nueva climatización que se hacía bajo los términos de la actuación rápida que tuvo el kirchnerismo, y alrededor de esos temas también hubo sospechas, porque el Estado es un ente sospechoso en cualquier lugar del mundo, hasta en Islandia. Yo le recomendaría a cualquier amigo que lo piense dos veces si le ofrecen un cargo. Fogwill me lo dijo a mí, “que hiciste, cómo aceptaste eso, no sabés lo que te va a pasar. Vas a terminar preso”. Bueno, no me pasó nada y estoy muy contento de haber aceptado el llamado personal de Kirchner, pero efectivamente el hecho mismo de aceptar te hace sospechoso para el pensamiento dominante. Hay que aceptar ser sospechoso para una parte de la sociedad que no intenta saber que la sospecha es el estado de la sociedad en la que vive.

Mi idea del trabajo es la responsabilidad grupal, no es el control del reloj, el fichaje de entradas y salidas. El reloj invita a la picaresca del reloj, si no tenés que emplear métodos draconianos, que es lo que están empleando ahora. Entonces tenés durante ocho horas personas que están pensando cómo hacen para zafar. El empleado zafador. En cambio, yo quise crear, y creo que de alguna manera lo conseguí, la idea de la responsabilidad y el amor por el trabajo. Todo lo que se dice son en realidad pavadas; lo que hay que investigar es como se hicieron esas licitaciones legales, qué significa tener ese software, qué significa la página digital que tenemos con todos los países de Latinoamérica, qué significa ABINIA (NdR: Asamblea General de la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica), que es una organización enteramente deficiente y burocrática a la que hemos cuestionado. Yo dude mucho en cuestionarla porque quienes lo hacían eran las bibliotecas más avanzadas y más neoliberales, por ejemplo la de Colombia; no así la de Cuba o Venezuela, pero tuve que cuestionarla también porque a pesar de mi relación más afectuosa con Cuba y Venezuela, ahí también reinaban un estilo más burocrático, y las bibliotecas de América más neoliberales tenían ese grado explícito de razón neoliberal que suelen tener cuando atacan las burocracias desvencijadas, que coincidentemente, muchas veces están en los países donde se desarrollan los procesos populares más interesantes; también pongo al kirchnerismo dentro de esos procesos populares muy interesantes con zonas burocráticas o de corrupción como un fuerte alerta para los movimientos populares. En la última reunión en Cuba de ABINIA, la Biblioteca Nacional de la Argentina por mí representada, con la de Chile, con la de España, de tradición neoliberal también pero quizá más sensible que otras de América Latina, votamos en común el recambio de ABINIA, y se le dio la presidencia a un joven interesante director de la Biblioteca Nacional de Paraguay, con una misión recreadora de la Asamblea, que espero que pueda cumplir. Pero ahí queda el problema, esto que se discute en forma oportunista cuando la directora de la biblioteca de Colombia me manda la carta comunicándome su decepción por usar un canal formal para enviar una carta politizada. Por supuesto que era atrevido mandar una carta con pensamiento críticos por el circuito privado de comunicación de las Bibliotecas, donde sólo circulan zalamerías, que a la propia Consuelo no le deben parecer muy chévere. Ella que no quiere hacer política, con su cartita bien escolarizada y un tanto felina, se presenta en todos lados como el principal ataque que hoy recibo; es más, se llama Consuelo Gaitán y Gaitán, dos veces Gaitán. Es una dama de alcurnia colombiana, esa “y” lo dice todo. Todo en ella es súper político, le sale solo, y mucho mejor cuando está distraída, como indiferente, rara, como en el tango. Finalmente termina apoyando a la nueva derecha argentina y acusándome a mí de perturbador. Pero como quien no quiere la cosa. Ya el secretario anterior, venezolano, de ABINIA, me había dicho “izquierdista”, y no precisamente para celebrarlo.

Macri y el coaching del dolor

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- ¿Para finalizar, vamos a hablar sobre qué es el macrismo?

- Tenemos la tendencia a darle cierta coherencia sobre ideas y prácticas a sistemas políticos que emergen del nombre del gobernante que está en la primera función del Estado. Kirchnerismo, Macrismo. Aceptando ese juego nominativo elemental, pero que conmueve en determinados momentos a miles de personas, el macrismo no es enteramente fácil de definir, pero al mismo tiempo ofrece toda clase de materiales para esa definición. Sobre el molde del neo-liberalismo genérico y un acatamiento disciplinarista a la lógica financiera bancaria de la globalización, hay una construcción de un hombre político, a través de asesores, técnicas de coaching, técnicas de discurso, todo lo que existía antes, que el kirchnerismo aceptó menos o no aceptó para nada, como el coaching, que hoy están muy presente en una idea central del macrismo, que es que las personas son transparentes a la capacidad que tienen las grandes fuerzas económicas de re- hacerlos como consumidores pasivos, y aunque su emergencia política es a través de elecciones democráticas, se transforma en un fenómeno de autoritarismo de mercado, en muchos casos de prácticas policialescas muy graves. Hay elementos dictatoriales en este juego democrático por el cual el macrimo asciende al gobierno. Y se nota en todos los estilos de persecución que el gobierno niega, pero son estilos de persecución hechos con tecnologías nuevas; no persigue el policía con un arma de fuego en la mano, se persigue a través de instrumentos de racionalización de la conciencia humana. La racionalidad lineal con la cual se interpreta la conciencia se utiliza para perseguir y tiene instrumentales jurídicos, de ahí la prisión de Milagros Sala, que es una prisión injustificable. El tema por el cual puede ser investigada por supuesto está a la vista, es uno de los tantos temas del kirchnerismo, que es la construcción de viviendas sociales con organizaciones sociales que quizá hubieran merecido más consideración en cuanto a controlar el flujo del dinero. Eso es motivo de una preocupación del Poder Judicial, no es motivo para encarcelar a Milagro Sala, que es una gran activista social, y fue lo que fue el kirchnerimo, grandes dirigentes sociales asociados al kirchnerismo a través de políticas públicas, que hay que discutir para perfeccionarlas, y no para castigarla de la manera que se está haciendo. Es muy interesante cómo tratan el tema del dolor.

Macri dice “siento dolor pero hay que hacer estas cosas”, Pablo Avelluto (NdR: Ministro de Cultura de la Nación) dice que “es horrendo pero tengo que despedir a mil personas”. Bueno, si es horrendo y causa dolor efectivamente, no hagan lo que les causa dolor y que están obligados por coaching a decir que sienten dolor. Queda bien que el funcionario coucheado, guionado en sus frases, diga “tengo dolor”, pero lo sienten aquellos en quienes recaen las medidas más pesadas, desde las tarifas hasta la persecución judicial. Y en ese sentido habría que preguntarles si efectivamente sienten dolor por la prisión de Milagro Sala en condiciones deplorables. Ahí hay dolor real de una encarcelada, y ellos sienten dolor frente a abstracciones generales, en las cuales el macrismo se posiciona por primera vez como una gran derecha globalizada y con atisbos de represión que, sin embargo, tiene una cantidad de cuadros muy compleja, tomada de la neo filosofía tomada del consumo del sujeto (no del sujeto que consume sino de la consumición de sujetos) que los lleva a decir frases de manual, una angustia de manual, un dolor de manual, sentimientos privados para regir fuerzas colectivas muy poderosas. Una derecha casi despiadada dice frases que la señalan como una derecha que siente dolor por tomar las medidas que toma. Ese es un tema nuevo, o sea, actuar en términos de la desmentida, de la crítica, exige conocimientos nuevos. Es un nuevo tipo de dirigentes que se coloca en una posición de las viejas derechas mundiales pero esta vez con un presidente sin corbata, sensible, que desayuna a la mañana y juega en la hamaca del jardín con su hija.

Hay una nueva figura del gobernante que el kirchnerismo también ensayó. La frase “cada vez más los políticos se parecen a sus pueblos”, dicha por el kirchnerismo, no la considero una gran frase; el gobernante tiene que ser parecido a los intereses populares, pero tiene situaciones de responsabilidad que no son meramente la del pueblo. Saber que está envuelto en una resolución de problemas dentro de una coyuntura mundial que cada vez es menos desentrañable, y en un país complejo como es la Argentina. Entonces, esa frase suena un poco demagógica, como el no tener corbata sirve para igualarse con los que no son iguales. Es mejor que la igualdad se produzca por medio de medidas estructuralmente igualitarias. Es lo que en gran medida fue el kirchnerismo. Las frases que en el kirchnerismo pueden ser de una pedagogía fácil, en el macrimo son frases industrializadas. La televisación de la figura del gobernante despiadado que dice cuánto dolor tengo por la gente, castiga a los dirigentes sociales, acusándolos todo el día de corrupción. El estudio de ese dolor, que es un dolor impostado, la forma de la impostura, es un tema interesante en el ámbito político que exigirá nuevos conocimientos.


Buenos Aires, 26 de julio de 2016

*Periodista- Docente en UNDAV